Al principio, un buen aprendizaje para el músico es cantar o tocar música ajena. De novato comprendes (o te enseñan) que vas a aprender más rápido a partir de lo que otros hicieron antes que tú. Tocas versiones de tu banda favorita, partituras antiguas, piezas bailables o músicas de dominio público que todo el mundo conoce. Ésta última opción fue la que yo elegí, con el horizonte claro de ir creando también algo propio con el tiempo.

La música tradicional forma parte del folclore, o lo que es lo mismo, de la cultura y el saber popular. Es música que no tiene autores conocidos y se considera un patrimonio de todos. Para los intérpretes es un honor y un deber llevarla más allá de donde nuestros antepasados la dejaron. Además, podemos acceder a todo este repertorio gratis y beneficiarnos de él, obteniendo dinero, fama y prestigio en nuestros conciertos y grabaciones.

Las canciones tradicionales, al ser tan viejas, no tienen derechos de autor, igual que ya no los tiene la melodía original de My Way, (de Claude François). Según la legislación española, cualquier música que acredite 70 años tras su creación, pasa al dominio público. Es por eso que cuando quise versionar Mi Chorro de Voz (de Salvador Flores), desde mi oficina tuvieron que contactar con sus herederos y la empresa que gestiona sus derechos de autor.

Según las leyes de propiedad intelectual de algunos países, también pueden registrarse modificaciones que revaliden los derechos de autor de las obras propias otros setenta años (el anciano Stravinsky lo hizo con el “Pájaro de fuego” por esta razón), pero hay un verdadero problema cuando otras personas registran adaptaciones o arreglos de melodías de dominio público. Yo me harté de denunciar esto y abandoné la entidad que gestionaba mis derechos, porque toleraba estas prácticas.

Por ejemplo, una entidad como la SGAE siempre te pedirá dinero por la música de sus socios, pero también te lo puede pedir por música tradicional y de dominio público. Lo hace porque sus asociados han registrado versiones. Es decir, que la SGAE te cobra por la música original de sus asociados (algo perfectamente legal), pero también por la música ajena que registran sus asociados, en forma de adaptaciones o arreglos musicales. Y eso es éticamente muy discutible, pero también legal. Además, lo que recauda con esta música pública no repercute en lo público, sino en el beneficio propio y privado de sus socios.

Yo he insistido hasta la saciedad en lo irresponsable de esta práctica, porque los ciudadanos no deberían pagar por música exenta de derechos. No sé a qué esperamos para atajar este problema modificando la ley de propiedad intelectual. Mientras tanto, a mis contratos adjuntamos una hojita como esta para asegurarte que por mis conciertos NO tienes que pagar derechos de autor, porque yo mismo los gestiono cuando interpreto música propia y ajena.

Exención de derechos de autor

Por ejemplo, en mi último disco “La fonda de Lola” tuvimos que cambiar cuatro versos (muy conocidos, por cierto) de la canción tradicional “Chalaneru“, porque resulta que una persona los tiene registrados en SGAE y cobra por ello. Siguiendo dentro del territorio asturiano, canciones tan conocidas como “Asturias Patria Querida” o “Chalaneru” tienen muchísimas versiones registradas en SGAE, con pequeñas alteraciones en su letra o diferentes variaciones instrumentales y armónicas.

Otro ejemplo lo tenemos en la habanera “La Capitana”, una conocida canción que ya registró en 1950 en la SGAE el músico murciano Antonio Acosta Raya, hasta que unas décadas después se registraron traducciones a varios idiomas, entre ellos el asturiano. Precisamente en Asturias ocurre que la gente no tiene claro quién es el autor de “La Capitana”, cuando resulta que en uno de los mayores cancioneros de música tradicional de esta comunidad, escrito en 1920 por Eduardo Martínez Torner, viene anotada su melodía, que por aquel entonces ya parece que era de dominio público.

Melodía de “La Capitana”, con el nº 216 en el Cancionero de Torner (1920)

Así que, querido promotor / organizador de conciertos y fiestas populares, si has contratado a un artista o grupo que es socio de entidades de gestión de derechos, como SGAE, EGEDA, AGEDI…etc, asegúrate si tiene registradas adaptaciones o arreglos de músicas tradicionales de dominio público. En caso afirmativo, ten en cuenta que, además de los seguros, logística, megafonía, cachés y demás cosas que TÚ tienes que pagar y cubrir con tu esfuerzo, van a reclamarte dinero por la música que haya registrado y adaptado / arreglado, pero que en realidad era pública antes de que este grupo / artista la utilizase gratis.

Recuerda que es LEGÍTIMO que te pidan dinero, pero piensa que también es muy legítimo que tú NO LE CONTRATES. Recuerda también que un profesional de la música tiene que estar de alta, en el caso español en “artistas y taurinos” (a ver si de una vez separan las categorías) o trabajar con una empresa legalmente constituída.

Mientras muchos profesionales estamos dados de alta en hacienda y cotizando con nuestras empresas de eventos, es ridículo mantener a tantos chupones que pretenden hacer de lo ajeno algo propio…