Sobre mí

Soy músico desde siempre.

Desde niño me dedico a la música popular y escribo mis propias canciones. Fuí al conservatorio con 10 años y hoy soy titulado superior en violonchelo y etnomusicología.

Disfruto cantando.
Escucha esta versión en español del clásico “My Way” (A mi manera)…

Puedes encontrar mis discos en plataformas digitales de todo el mundo, y toco instrumentos como el harpa, el violín, la zanfona, el violonchelo o la gaita.

Persigo la excelencia y emocionar al público en cada concierto. Cuando no estoy en los escenarios trabajo como profesor en la educación pública y concluyo mi doctorado universitario…

Cuando dije “no” a la rueda

Recuerdo perfectamente cuando hace cuatro años una chica me llamó en nombre de una empresa de servicios musicales, de esas que tienen muchos compositores en nómina pero que algunos artistas desconocíamos de su existencia. Quería concretar unas grabaciones para televisión y amablemente me “invitó” a desplazarme a grabar a Madrid. Sin embargo, a medida que me daba detalles (sin dejarme hablar, al más puro estilo “teleoperador”), entendí que no pagaban nada pero que después de emitirse mi interpretación en diversas televisiones nacionales y autonómicas, garantizaban jugosos derechos de autor…

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Derechos de autor

La semana pasada recibí una buena retahíla de llamadas de periodistas a raíz de esta noticia: “Las fiestas de Perlora echan el cierre por la asfixia de la SGAE“.

¿Es legítimo cobrar derechos de autor hasta llegar a este punto?– Pregunta el periodista.

Sí, pero no todos lo hacemos-, es mi respuesta.

Me voy a extender un poco sobre el tema, y os resumiré las explicaciones que fuí dando a diferentes medios y periodistas:

En primer lugar, quiero dejar claro que mis derechos de autor son míos. Los gestiono yo y nadie más que yo. Si te apetece, puedes escuchar mis canciones gratis en muchos canales, porque yo intento llegar a ti con todos los medios a mi alcance. No es imprescindible que pagues por escuchar música y mucho menos si es de dominio público, porque la duración de los derechos de autor varía en cada país (en España es de 70 años tras la muerte del autor). Yo empecé mi carrera dedicándome a las músicas de raíz, y sobre la música tradicional y su tortuosa relación con los derechos de autor he escrito mucho. Te recomiendo echarle un vistazo a este artículo.

Yo estoy encantado de que escuches mis canciones, que las compartas, las cantes en un bar con tus amigos, las lleves en el coche, las pongas a tus hijos o sean la sintonía de una cena romántica con tu pareja. Para eso las hice, para ser la banda sonora de tu vida. ¿Quieres usarlas para algo comercial? Entonces debes pedirme permiso (o te las verás con mis abogados!). Es probable que si eres profesional y quieres cantarlas en un concierto, sólo te pida que digas que son mías. Pero si vas a ganar dinero gracias a ellas, algo tendrás que pagarme. Si utilizamos algo que no es nuestro para ganar dinero, es muy probable que tengamos que pagar. Por ejemplo, cuando yo quise grabar una canción que no era mía como Mi Chorro de Voz (de Salvador Flores), mi oficina pagó los derechos de autor a sus herederos y a la empresa gestora.

En resumen, los derechos de autor conllevan hablar de dinero, y por eso cuando son noticia no suele ser para bien.  Al contrario: aparecen como una losa económica para promotores de conciertos sin dinero suficiente, comisiones de fiestas que cancelan eventos…

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Concierto contigo

Quienes  saben como funciona esto de los escenarios y el mundillo de la música, no se cansan de decir lo mala que puede ser la “sobreexposición” en la tele. Yo llevo tiempo huyendo (literalmente) de muchos programas donde la calidad brilla por su ausencia. Todavía recuerdo hace unos años, cuando me llamaron de una productora para esos minutos musicales en las madrugadas en TVE. Me “invitaban” a desplazarme a Madrid, pero no pagaban ni una mínima dieta por desplazamiento. “Siempre ganarás algo con los derechos de la SGAE”, dijeron. Y claro, ya me conocéis. Dí las gracias y colgué el teléfono con suavidad…

En estos tiempos de internet, youtube, canales VEVO, difusión online y en streaming, la tele subsiste marginada de los nuevos avances en la producción, distribución y reproducción musical. Casi todos sus espacios son subcontratados, hechos de cualquier manera y a toda prisa, para un público concreto, de elevada edad, que apenas maneja otros formatos para escuchar y comprar música.

Hace unos días, Igor Paskual explicaba muy bien cómo la parrilla musical de este país podía dividirse en dos partes: una primera mitad con espacios de música que recuerdan los años de juventud, tipo “Cine de Barrio” (usando sus palabras: una especie de “Cuéntame” de la música). Y otra mitad hecha a base de concursos, tipo “La Voz”, “MasterChef”, etc. Espacios donde lo personal trasciende lo profesional, donde hay morbo, rivalidad y competición (que no música ni arte), programas donde uno gana mientras otros pierden, y donde los oscuros enchufes e intereses económicos prevalecen hasta el punto de asistir a tongos tan clamorosos como el que recientemente enterró nuestra reputación –si es que nos quedaba alguna–, en el último festival de Eurovisión. Porque aquí parece que hay corrupción en  todo, y seguimos tocando fondo (ya lo cantaba Paco Ibáñez), pero aquí nadie reacciona.

Pero mira por dónde. A veces las televisiones también emiten buenos programas, y ahí tenemos en Asturias una producción tan excelente como es Concierto contigo. Un espacio hecho por músicos, donde sólo hay música. Sin intermediarios. Ni siquiera un presentador. Nada. Sólo habla la música, y los grupos y artistas que tocan en círculo, mirándose, escuchándose, disfrutándose y haciendo disfrutar al público que les rodea. Un lujo de realización y en calidad HD, hecho con mimo por un equipazo audivisual que encabeza David Pando de Visual Studio, y Jorge Otero al sonido.

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Sin Pablo Ardisana

Se fue y nos dejó. Así sin más. Y nada volverá a ser igual, porque ahora nos enfrentamos a un vacío inmensamente frío y superficial. Fue más que un maestro, más que un escritor, un poeta o un erudito. Él fue mucho más que todo eso. No hay palabras suficientes para describir la tristeza que supone su pérdida.

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© 2017 Héctor Braga

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