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Opiniones

Concierto contigo

Quienes  saben como funciona esto de los escenarios y el mundillo de la música, no se cansan de decir lo mala que puede ser la “sobreexposición” en la tele. Yo llevo tiempo huyendo (literalmente) de muchos programas donde la calidad brilla por su ausencia. Todavía recuerdo hace unos años, cuando me llamaron de una productora para esos minutos musicales en las madrugadas en TVE. Me “invitaban” a desplazarme a Madrid, pero no pagaban ni una mínima dieta por desplazamiento. “Siempre ganarás algo con los derechos de la SGAE”, dijeron. Y claro, ya me conocéis. Dí las gracias y colgué el teléfono con suavidad…

En estos tiempos de internet, youtube, canales VEVO, difusión online y en streaming, la tele subsiste marginada de los nuevos avances en la producción, distribución y reproducción musical. Casi todos sus espacios son subcontratados, hechos de cualquier manera y a toda prisa, para un público concreto, de elevada edad, que apenas maneja otros formatos para escuchar y comprar música.

Hace unos días, Igor Paskual explicaba muy bien cómo la parrilla musical de este país podía dividirse en dos partes: una primera mitad con espacios de música que recuerdan los años de juventud, tipo “Cine de Barrio” (usando sus palabras: una especie de “Cuéntame” de la música). Y otra mitad hecha a base de concursos, tipo “La Voz”, “MasterChef”, etc. Espacios donde lo personal trasciende lo profesional, donde hay morbo, rivalidad y competición (que no música ni arte), programas donde uno gana mientras otros pierden, y donde los oscuros enchufes e intereses económicos prevalecen hasta el punto de asistir a tongos tan clamorosos como el que recientemente enterró nuestra reputación –si es que nos quedaba alguna–, en el último festival de Eurovisión. Porque aquí parece que hay corrupción en  todo, y seguimos tocando fondo (ya lo cantaba Paco Ibáñez), pero aquí nadie reacciona.

Pero mira por dónde. A veces las televisiones también emiten buenos programas, y ahí tenemos en Asturias una producción tan excelente como es Concierto contigo. Un espacio hecho por músicos, donde sólo hay música. Sin intermediarios. Ni siquiera un presentador. Nada. Sólo habla la música, y los grupos y artistas que tocan en círculo, mirándose, escuchándose, disfrutándose y haciendo disfrutar al público que les rodea. Un lujo de realización y en calidad HD, hecho con mimo por un equipazo audivisual que encabeza David Pando de Visual Studio, y Jorge Otero al sonido.

Siempre huyo de programas de baja calidad, y por eso acepté encantado grabar un concierto en su primera temporada. Ojalá cunda el ejemplo en la televisión pública de este país y aparezcan  espacios similares. Como aficionado a la música y como público, los considero necesarios. Como músico, los considero esenciales. Aunque los tenga que ver en podcast después de cada emisión, los domingos a las 22,45h en la Televisión Pública Asturiana.

Hace poco hablaba con un gran artista vasco de la situación audivisual española, y ambos teníamos la impresión de que, después de aquel gran programa que era Séptimo de Caballería, la música hoy sólo se reduce a enseñar pluma o, lo que es peor, a hacer descaradamente el indio.

Por eso los artistas necesitamos hacer muchos Conciertos contigo, con todos y cada uno de vosotros, en todas y cada una de las televisiones de este país.

Un momento de la grabación de “Concierto contigo”

 

Sin Pablo Ardisana

Se fue y nos dejó. Así sin más. Y nada volverá a ser igual, porque ahora nos enfrentamos a un vacío inmensamente frío y superficial. Fue más que un maestro, más que un escritor, un poeta o un erudito. Él fue mucho más que todo eso. No hay palabras suficientes para describir la tristeza que supone su pérdida.

Pablo Ardisana (Hontoria, 1940 – 2017) era capaz de mover emociones y sentimientos solamente con su palabra. Era una persona tan especial que, mostrándote su aprecio, ya no podías menos que sentirte pequeño y desbordado, pero también feliz y con esperanzas por esta desgraciada tierra nuestra que tanto amó. Culto pero nada presuntuoso, poca gente entendió tan bien como él la naturaleza humana y los invisibles hilos que mueven el teatro de marionetas en el que la vida se convierte.

Su poesía estaba tan bien construída, que siempre nos dejaba un pequeño rayo de luz que iluminase dulcemente la esperanza de un mundo mejor. Y su ironía nunca terminaba, ni en las breves charlas telefónicas ni en aquellas largas sobremesas en su casa mariniega, la misma casa donde canté todo lo que quiso (sobre todo “La incla interior”, que lo conmovía hasta el tuétano), y la misma casa donde me permitió hacer su letra canción:

Gaita (Pablo Ardisana)

Para la llingua asturiana, él fue el poeta del amor. Para mí, una referencia familiar y espiritual: “Hectorín, tú lleva siempre la tierra en el corazón y la música en el alma. Y ven a Juntoria a veme cada pocu”.

Gracias por darnos tanto, Pablo. Y gracias por estos versos tuyos, inéditos, que siempre nos acompañarán y que ahora comparto. Mientras tus palabras sigan vivas, nosotros nunca te olvidaremos, amigo. Descansa en paz y espéranos, porque te seguiremos necesitando.

Cabralieguina (Pablo Ardisana)

Cantar sin red

Artículo publicado en el nº 38 de Atlántica xxii


Hace unos meses, la Dirección General de Patrimonio declaró la canción tradicional asturiana «Bien de interés cultural». Unos días después fallecía Silvino Antuña Suárez «El sastre», dueño de la mejor colección sonora sobre el género. Esos dos acontecimientos motivaron este artículo, en el que confluyen varias reflexiones acerca del patrimonio relacionado con la canción tradicional y con la precariedad de artistas, músicos, docentes y hablantes de este lenguaje universal que es la música.

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Un maestro de maestros

Recordando a Silvino “El Sastre”. Artículo publicado en La Nueva España el 31 de marzo de 2015.

El pásado 28 de marzo fallecía en su casa de Sotrondio (San Martín del Rey Aurelio) Silvino Antuña Suárez, más conocido como “El sastre”, profesión que ejerció desde 1931 hasta su jubilación. Para quienes le conocimos, Silvino era uno de esos asturianos irrepetibles: profundamente ilustrado, inteligente, mordaz y especialmente dotado para valorar el arte y la cultura propia de nuestra tierra.

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