Esta foto coincide con el fin de una etapa de mi vida. La etapa de ir a concursos de asturianada (tonada o canción asturiana, como también la llaman). No es la etapa que arrancó, contando apenas 5 años, cuando mi abuelo me llevaba a escuchar las voces del momento al salón de la caja de ahorros en Sama de Langreo, porque esa etapa, la de las raíces y la identidad, no se acabará nunca. No. La que se concluye es la etapa de los concursos, la que empecé por pura inquietud cultural porque en el conservatorio de música no me enseñaban nada de esto y porque cantando asturianadas imaginaba lo orgullosos que estarían mis abuelos de la cuenca del Nalón, grandes aficionados al género.

Ahora se termina el primer acto hasta que el segundo se cierre definitivamente cuando concluya mi tesis doctoral en la Universidad. Casi 500 asturianadas digitalizadas de discos de pizarra anteriores a 1936, más de 100 transcripciones, cerca de 400 páginas ya… En el boletín oficial del estado publicaron parte de mi trabajo. Y bien orgulloso que estoy. Vamos, quiero decir que además de cantar, conozco muy bien la historia y la sustancia musical de la asturianada. De la canción tradicional de mi tierra, Asturias.

Quizá por eso no puedo ocultar que me siento algo decepcionado. Quiero decir que “me duele” como está la asturianada. Porque con los verdaderos expertos en asturianada no llenamos una furgoneta y porque en estos concursos no hay nada más allá del premio que te quiera dar cada jurado. Hay personas iletradas en música y canto que mueven el boli y que pueden puntuarte la “puesta en escena” y desconocer una bonita canción de Miranda o Juanín de Mieres. Pueden ofrecer mil explicaciones (sin tú pedirlas) y argumentar “el color de la voz” (que Dios da a cada uno) y despreciar el trabajo de cada matiz, cada vuelta y cada sílaba que pronuncias para que la gente pueda entender lo que cantas y lo que quieres transmitir…

A mí ya me proclamaron campeón en el primer concurso al que acudí como aficionado, allá por 2007, y seguí en lo más alto siempre. En ese aspecto estoy más que cumplido. Quiero decir que no me mueve el rencor. Lo que pasa es que ya estoy aburrido. Y siento algo de vergüenza ajena. De impotencia y frustración. Es curioso, porque ya desde los tiempos de Eduardo Martínez Torner o Baldomero Fernández, la historia de la música asturiana está cuajada de frustraciones, de músicos frustrados y de carreras frustradas. Pero mi carrera no la frustra nadie más que yo mismo, señores. Cada vez que hablé en prensa después de ganar algún concursos o en las entrevistas de TV, dije siempre que ojalá muchos músicos asturianos cantasen asturianadas.  Todo sea por “mejorar” el status de la asturianada (aunque maldita la falta que hace ser músico para tener buena voz).

Ahora en mi despedida sé que me llevo grandes amistades de amantes de la canción que se toman esto como lo que es, un hobby, una afición más. Y con una etapa que se cierra aparece un ciclo que se abre, y tengo muchas razones para estar contento. Feliz de saber que siempre cantaré asturianadas donde vaya. Orgulloso de haber logrado un estilo propio a partir de la canción tradicional de mi tierra, tranquilo de saber que puedo cantar más de tres horas sin poner en riesgo mi voz, satisfecho de haber ganado un puñado de estos concursos en muchas partes de Asturias y en diferentes categorías, alegre de ser un artista reconocido en mi tierra, contento de lograr una buena cantidad de seguidores para mis conciertos, realizado de saber que mucha gente aprende de mis interpretaciones y ufano de haber concursado siempre con corrección, siendo puntual a mi cita con el público y la organización (viajando desde fuera de España en ocasiones).

Ese bagaje cultural y personal no me lo quita nadie allá donde vaya.

Pero yo siento que debo irme ya, pues también molesta ver que la constante negación a mis interpretaciones en varios de estos concursos es ya clamorosa año tras año. Nada nuevo. Muchos otros la sufrieron antes que yo (Ángel “El Maragatu”, Obdulia “La Busdonga”, Quin “El Pescador”, Amable Fueyo, Laudelino de los Pontones, José Morán, Silvino Argüelles…) por citar algunos de los mejores que nunca ganaron un concurso. Yo he tenido mejor suerte y estoy contento. Recuerdo que a mi admirada compañera Marisa Valle, también apartada de los concursos (qué casualidad, ¿no?), incluso la increparon desde el jurado en plena actuación durante una gala de campeones. Hasta aquí hemos llegado…

¿De verdad nadie se plantea porqué tantas voces jóvenes y con personalidad nos retiramos en plena madurez? ¿Cómo pueden vender la moto de la salud del género y todo eso?

El paso del tiempo sigue su curso y pondrá en su sitio las cosas. José González “El Presi” jamás fue a un concurso, y todos sabemos quien fue Orestes Menéndez, alguien con un talento infinito que consiguió todo en la canción popular antes de retirarse en plena madurez vocal. Decía “me gusta la música, no el mundo de la música”. Precisamente Aníbal Menéndez Corujo, el primer “campeón de campeones”, antes de morir me dijo en una de nuestras innumerables confidencias que… “para ser un artista de verdad, en los concursos pierdes el tiempo”. Y es hora de hacerle caso. Me encanta la asturianada, pero visto lo visto, el actual mundillo de la asturianada parece detestable. Además, veo que cualquiera se arroga el título de “maestro” de tonada. Mal asunto. Y como yo no tengo herramientas para cambiar o mejorar esta situación, lo mejor es apartarse hasta que lleguen tiempos mejores, quién sabe.

Mientras tanto, en el mundo de los concursos de “canción asturiana” parece que cada vez más gente pierde la afición, tanto dentro como fuera de los escenarios. Y cada vez se ven más canas desde el escenario, para quñe negarlo. Por eso, ahora que yo me despido (ojalá sea un simple “hasta luego”) voy a dejar 12 consejos básicos para cantantes, y para quien los quiera tomar en cuenta. Sé que muchos de mis compañeros músicos se sorprenderán por lo elemental de mis recomendaciones, pero es que así está el patio, amigos:

  1. En las escuelas, aprende el repertorio tradicional más castizo, para que no desaparezca. Hay coleccionistas encantados de facilitarte  grabaciones antiguas. No hace falta que seas un radical ni un purista, pero debes esforzarte en conocer la ortodoxia del canto asturiano y lo que otros cantaron antes que tú.
  2. En las escuelas, no seas un imitador. Pon tu propia voz a las canciones, aprende técnica vocal y a respirar correctamente. Deberías poder cantar sin hacerte daño en las cuerdas vocales. Nunca fuerces. Gritar es antimusical y poco saludable para ti y los que te escuchan.
  3. En los concursos, exige personas cualificadas por sus conocimientos, nunca aceptes personas facultadas por su simple afición o su pertenencia a una asociación u organización.
  4. En los concursos, exige poder apelar un fallo y que publiquen las puntuaciones el mismo día que canten. Así aprenderás a superarte, porque compites para mejorar individualmente. Compites contra tí mismo, no contra tus compañeros.
  5. En los concursos, exige una categoría de renovación y propón cosas nuevas. Contacta con músicos e innova. Hace mucha falta, créeme. Cantar siempre lo mismo es síntoma de pobreza artística e intelectual.
  6. En los concursos, exige que los premios estén más repartidos. Nadie es profesional y por ello todo el mundo tiene derecho a una dieta, aunque sea simbólica.
  7. En los concursos, exige que las categorías juveniles tengan premio para todos. No fomentes la rivalidad entre niños y adolescentes. Potencia la afición antes que la competición.
  8. En los concursos no permitas que alguien gane cantando con fallos. No importan los nombres propios. Protestad juntos y quizá logréis la justicia que tantas veces brilla por su ausencia.
  9. En las grabaciones, conserva la última palabra sobre tus interpretaciones. No permitas que difundan o retransmitan algo que no te guste cómo quedó. Debes dignificar nuestra canción ya que algunas personas nunca lo harán mientras ganen dinero gracias a ti.
  10. En las asociaciones, exige transparencia y busca el encuentro y confraternización con otras agrupaciones y personas afines. Las diferencias deben enriquecernos, nunca separarnos. Todos tenéis en común la querencia por la canción asturiana, no lo olvidéis.
  11. En las actuaciones, exige que el público sea respetuoso. Pide silencio durante las actuaciones, y no abuses de la megafonía.
  12. En la vida, trata siempre de tener personalidad propia y saca lo positivo de otros cantantes. Nunca hables mal de nadie y apártate de quién lo hace.

Y dicho esto, señoras y señores, yo sigo mi camino. Que les aprovechen sus concursos y… ¡¡que gane el mejor!! Yo seguiré cantando asturianadas, pero en otros escenarios más saludables.