Titular mi nuevo disco “La nota más alta” fue algo sencillo y obvio. Después de años dedicándome a la música tradicional, publicar mis propias canciones tenía mucho de valiente, y quería dar lo mejor. Quería ofrecer mi nota más alta.

La segunda canción del disco, “La que nunca olvidaré“, es una balada romántica que te cautiva por su sencillez y por su forma musical redonda y casi perfecta. No le sobra ni le falta una sola nota y para las partes instrumentales utilicé mi zanfona, ese instrumento tradicional tan propio de los contadores de historias que viajaban por los caminos de la Península.

Se trata de una canción de amor cuya letra evoca constantemente a esa persona inolvidable, a esa pasión imborrable y a ese deseo -tan humano y utópico- de retomar el amor con la ilusión del primer día.

Así, con el espíritu ambulante que nunca me abandona, con la inspiración de quien lo mismo improvisa versos satíricos que canta historias de amor, con un mucho de sinceridad y con un poco de autobiografía, ocurrió que un día terminé mi canción de amor favorita: “La que nunca olvidaré“:

Hoy por fin empezaré a quererte como la primera vez.
Porque sólo fuí feliz contigo. Porque nunca te olvidé.

No sé si después de tanto tiempo sabré dejar de buscar 
tu presencia desde el escenario cuando tengo que cantar

Siempre fuiste la nota más alta, la mejor que yo toqué. 
La más fuerte y la más brillante.
La que nunca olvidaré.

Nunca confesé mis sentimientos, 
intentando conseguir
apartarme de aquellos que viven
sin saber dejar vivir.

Siempre fuiste la nota más alta, la mejor que yo toqué. 
La más fuerte y la más brillante. 
La que nunca olvidaré.