Por supuesto que lo confieso. Y que Pedro Garfias me perdone, pero al escuchar su poema “Asturias” con el que mi paisano Víctor Manuel creó la inmortal canción “Asturias”, siempre me entraron ganas de cambiar eso de “yo soy un hombre del sur…”. Porque al fin y al cabo, los asturianos somos hombres del norte, ¿verdad?.

Desde el primer día que la escuché, siendo apenas un chaval, ya me rondaba la idea de componer una canción que comenzase: «Yo soy un hombre del norte», y ¿por qué no? le daría aires y ritmos del sur. Haría un camino de ida y vuelta. La canción uniría tierras no tan lejanas y culturas absolutamente diferentes.

Y por fin esa canción soñada vio la luz en mi disco “La nota más alta“. Su mensaje no podría ser más sencillo: en medio de las polémicas que suscitan las ferias de abril que se celebran en toda la península (Asturias incluída), un asturiano canta con ritmo de rumba. Sé bien que no soy el primero que lo hace (Ramón Melendi mediante), y estoy convencido de que tampoco seré el último.

Debemos darnos cuenta que no importa tanto cómo se canta si no más bien qué se canta. Hay que entender que lo importante es pasarlo bien y dejar a un lado todas las banderas y clichés que no hacen más que separarnos del sentido común y de la alegría que la música suscita a las personas. Ya sean de Asturias, Andalucía, Buenos Aires o México DF.  Ese, y no otro, es el mensaje de mi canción “Hombre del norte“:

Yo soy un hombre del norte, tierra verde y mar azul,
y más me siento del norte cuando tengo que ir al sur.
El sonido de la gaita yo no lo cambio por nada,
aunque me gusta el flamenco, las palmas y la guitarra.

Hay, al sur y al norte, que descubrir el lugar.
Hay, al sur y al norte, donde bailar y cantar.

Canto y olvido las penas, que en este mundo tan necio,
lo mismo el rico que el pobre van los dos al cementerio.
Echo de menos mi tierra, yo no lo puedo evitar,
pero eso no significa que no pueda disfrutar.

Hay, al sur y al norte, que descubrir el lugar.
Hay, al sur y al norte, donde bailar y cantar.