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Apuntes biográficos

Fin de una etapa

Esta foto coincide con el fin de una etapa de mi vida. La etapa de ir a concursos de asturianada (tonada o canción asturiana, como también la llaman). En el conservatorio de música no enseñaban nada de esto y mis abuelos de la cuenca del Nalón, grandes aficionados al género, siempre me inculcaron el amor al canto asturiano. Así que siendo chaval me decidí a cantar en serio.

Me proclamaron campeón en el primer concurso al que acudí como aficionado, allá por 2007, y seguí en lo más alto siempre. Cada vez que ganaba algún concurso, en prensa o en entrevistas de TV dije siempre que ojalá muchos músicos asturianos cantasen asturianadas.  Todo valía con tal de “mejorar” el status de la asturianada (aunque maldita la falta que hace ser músico para tener buena voz). En ese aspecto estoy más que cumplido.

En mi despedida me llevo grandes amistades de amantes de la canción que se toman esto como lo que es, un hobby, una afición más. Tengo muchas razones para estar contento. Feliz de saber que siempre cantaré asturianadas donde vaya. Orgulloso de haber logrado un estilo propio a partir de la canción tradicional de mi tierra, tranquilo de saber que puedo cantar más de tres horas sin poner en riesgo mi voz, satisfecho de haber ganado un puñado de estos concursos en muchas partes de Asturias y en diferentes categorías, alegre de ser un artista reconocido en mi tierra, contento de lograr una buena cantidad de seguidores para mis conciertos, realizado de saber que mucha gente aprende de mis interpretaciones y ufano de haber concursado siempre con corrección, siendo puntual a mi cita con el público y la organización (viajando desde fuera de España en ocasiones).

Ese bagaje cultural y personal no me lo quita nadie allá donde vaya.

También es cierto que, aunque me aparto de los concursos, no me desvinculo totalmente del género. Al menos hasta que concluya mi tesis doctoral en la Universidad. Casi 500 grabaciones digitalizadas de discos de pizarra anteriores a 1936, más de 100 transcripciones, cerca de 400 páginas ya… En el boletín oficial del estado publicaron parte de mi trabajo. Y bien orgulloso que estoy. Vamos, quiero decir que además de cantar, conozco muy bien la historia y la sustancia musical de la asturianada. De la canción tradicional de mi tierra, Asturias.

Por eso, en este momento de despedida, tampoco voy a ocultar que me siento algo decepcionado. Quiero decir que “me duele” como está la asturianada. Porque con los verdaderos expertos en asturianada no llenamos una furgoneta. Hay personas iletradas en música y canto que mueven el boli y que pueden puntuar la “puesta en escena” y desconocer una bonita canción de Miranda o Juanín de Mieres. Pueden ofrecer mil explicaciones sin tú pedirlas (¿mala conciencia?), estimar “el color de la voz” (que Dios da a cada uno) y despreciar el trabajo de cada matiz, cada vuelta y cada sílaba que pronuncias para que la gente pueda entender lo que cantas y lo que quieres transmitir…

Nada nuevo. Muchos grandes cantantes como Ángel “El Maragatu”, Obdulia “La Busdonga”, Quin “El Pescador”, Amable Fueyo, Laudelino de los Pontones, José Morán, Silvino Argüelles… (por citar algunos de los mejores) nunca ganaron un concurso. Yo he tenido mejor suerte y estoy contento. Recuerdo que a mi admirada compañera Marisa Valle, también apartada de los concursos (qué casualidad, ¿no?), incluso la increparon desde el jurado en plena actuación durante una gala de campeones. Hasta aquí hemos llegado…

¿De verdad nadie se plantea porqué tantas voces jóvenes y con personalidad nos retiramos en plena madurez? ¿Cómo se atreven a vender la moto de la salud del género y todo eso?

El paso del tiempo pondrá en su sitio las cosas. Precisamente Aníbal Menéndez Corujo, el primer “campeón de campeones”, antes de morir me dijo en una de nuestras innumerables confidencias que… “para ser un artista de verdad, en los concursos pierdes el tiempo”. Y es hora de hacerle caso. Me encanta la asturianada, pero visto lo visto, el actual mundillo de la asturianada parece detestable. Además, veo que cualquiera se arroga el título de “maestro” de tonada. Mal asunto.

Por eso, en esta despedida, quiero dejar 12 consejos básicos para cantantes, y para quien los quiera tomar en cuenta. Sé que muchos de mis compañeros músicos se sorprenderán por lo elemental de mis recomendaciones, pero es que así está el patio, amigos:

  1. En las escuelas, aprende el repertorio tradicional más castizo, para que no desaparezca. Hay coleccionistas encantados de facilitarte grabaciones antiguas. No hace falta que seas un radical ni un purista, pero debes esforzarte en conocer la ortodoxia del canto asturiano y lo que otros cantaron antes que tú.
  2. En las escuelas, no seas un imitador. Pon tu propia voz a las canciones, aprende técnica vocal y respira correctamente. Deberías poder cantar sin hacerte daño en las cuerdas vocales. Nunca fuerces. Gritar es antimusical y poco saludable para ti y los que te escuchan.
  3. En los concursos, exige un jurado de personas cualificadas por sus conocimientos, nunca aceptes personas facultadas por su simple afición o su pertenencia a una asociación u organización.
  4. En los concursos, exige poder apelar un fallo y que publiquen las puntuaciones el mismo día que cantes. Así aprenderás a superarte, porque tú compites para mejorar individualmente. Compites contra tí mismo, y no contra tus compañeros.
  5. En los concursos, exige una categoría de renovación y propón cosas nuevas. Contacta con músicos y con letristas. Innova. Hace mucha falta, créeme. Cantar siempre lo mismo es síntoma de pobreza artística e intelectual.
  6. En los concursos, exige premios más repartidos. Nadie es profesional y por ello todo el mundo tiene derecho a una dieta, aunque sea simbólica.
  7. En los concursos, exige que las categorías juveniles tengan premio para todos. No fomentes la rivalidad entre niños y adolescentes. Potencia la afición antes que la competición.
  8. En los concursos no permitas que alguien gane cantando con fallos. No importan los nombres propios. Protestad juntos y quizá logréis la justicia que tantas veces brilla por su ausencia.
  9. En las grabaciones, conserva la última palabra sobre tus interpretaciones. No permitas que difundan o retransmitan algo que no te guste cómo quedó. Debes dignificar nuestra canción ya que algunas personas nunca lo harán mientras ganen dinero gracias a ti.
  10. En las asociaciones, exige transparencia y busca el encuentro y confraternización con otras agrupaciones y personas afines. Las diferencias deben enriquecernos, nunca separarnos. Todos tenéis en común la querencia por la canción asturiana, no lo olvidéis.
  11. En las actuaciones, exige que el público sea respetuoso. Pide silencio durante las actuaciones, y no abuses de la megafonía.
  12. En la vida, trata de tener personalidad propia y saca lo positivo de otros cantantes. Nunca hables mal de nadie y apártate de quién lo hace.

Y dicho esto, señoras y señores, yo sigo mi camino. Que les aprovechen sus concursos y… ¡¡que gane el mejor!! Yo seguiré cantando asturianadas, pero en otros escenarios más saludables.

Allí nos veremos.

Sobre mí

Soy músico desde siempre.

Desde niño me dedico a la música popular y escribo mis propias canciones. Entré al conservatorio con 10 años y hoy soy titulado superior en violonchelo, etnomusicología y doctorando en musicología.

Me apasiona cantar.
Escucha esta versión acústica en español del clásico “My Way” (A mi manera).

Cada concierto que doy es una fiesta musical donde toco hasta 6 instrumentos diferentes como el harpa, el violín, la zanfona, el violonchelo, la mandolina o la gaita. Persigo la excelencia y lo doy todo para emocionar a mi público.

Quizá te sorprenda saber que soy un artista independiente de sociedades de autores, y que gestiono mi música sin intermediarios ni sobrecostes. Tienes mis canciones a tu alcance en plataformas digitales de todo el mundo. Nunca me preocupó ser una estrella, sino entrar en la banda sonora de tu vida.

Mi ética profesional consiste en luchar porque la música sea un idioma universal que sirva para traer belleza al mundo. Es por eso que cuando no estoy en los escenarios, trabajo en la educación pública.

Aquellos maravillosos años (II)

Ya avanzado el grado medio y contando yo unos 17 años, surgieron un par de viajes importantes con la orquesta, a Viena primero y a Inglaterra un año después. Recuerdo que a Viena nos fuimos en autobús parando por el camino en Venecia, y también visitamos una recién independiente Eslovaquia, y su capital Bratislava. Hoy me doy cuenta que, en aquel viaje, o nos hacíamos amigos o no nos soportaríamos nunca. Eran muchas horas de convivencia y la verdad que el tiempo se pasó volando. En Bratislava tocamos en la casa de la radio, en un auditorio impresionante, mientras que una modesta iglesia fue nuestro escenario vienés. Recuerdo también que en Venecia bajé la mandolina del bus y saqué tocando en la calle bastante dinero como para pagarme un paseo en góndola y algún que otro capricho.

Al año siguiente fuimos a Inglaterra gracias a un convenio de la Comunidad Europea para proyectos artísticos, con la agencia Leonardo da Vinci. Por aquel entonces andábamos fascinados con el grupo italiano Giardino Armónico, y su espectacular versión de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. Quizá por eso y otras cosas participamos en un curso intensivo de interpretación de histórica de la música antigua en el Welsh College of music and Drama, de Cardiff, País de Gales. Allí toqué mandolina, la viola da gamba y el chelo barroco con profesores como Dan Jones o Andrew Wilson Dickson.

De vuelta en Asturias, la orquesta grabó el CD de música clásica “5 conciertos del S. XVIII en Europa” donde pude participar como solista de violonchelo y mandolina. Para entonces ya tenía decidido a que me iba a dedicar en la vida. Con apenas 17 años había tenido la suerte de visitar media Europa gracias a la música, y comprendí que debía tomar mis propias iniciativas. Sería músico.

Comencé a frecuentar los ambientes musicales asturianos y a pasar el tiempo con otros músicos que iba conociendo. Fue un momento decisivo en todos los sentidos. Pisaba poco la casa de mis abuelos (con los que vivía) porque estaba permanentemente en la calle o en pueblos de Asturies haciendo trabajo de campo, recogiendo canciones tradicionales que iba aprendiendo. Mis bisabuelos habían sido cacharreros ambulantes y obreros venidos de otras comunidades. Supongo que la impronta viajera y bohemia viene de ahi, de familia, aunque la aventura de mi vida musical tuve que hacerla siempre en solitario.

En 1997 fundé un grupo de música folk con el flautista David Martín Amores, compañero del Conservatorio, y pronto empezamos a tener conciertos gracias al boom de la música celta del momento. Tras varias denominaciones, bautizamos finalmente al grupo con el nombre celta de nuestro concejo, Llangréu. Empezaba una nueva etapa musical al margen de la vida académica, de la orquesta en la que seguía tocando, y de la rondalla (que había tenido que dejar finalmente). Pronto cumpliría 18 años.

Aquellos maravillosos años (I)

Cuando empecé en el Conservatorio del Nalón, había muchísimos chavales aprendiendo música. Hijos de trabajadores la mayoría, como en mi caso nietos de obreros de las minas o los talleres de siderurgia y metal de la zona, pero también venía gente de todo el valle, de familias campesinas de la parte alta o de las ciudades de la parte baja. Todos querían estudiar música en aquel Conservatorio Elemental, el único de toda la zona.

Recuerdo que en varias especialidades la lista de espera era larga. En violonchelo no era así, y entré directamente tras la inexplicable atracción por el instrumento. De aquel tiempo recuerdo los primeros años de solfeo con Isabel Muñoz, las clases con Nacho Alonso, y sobre todo la orquesta. A los 3 o 4 años tuve una crisis con el chelo, porque me aburría de tocar solo. Entre el colegio y el Conservatorio casi no me quedaba tiempo para ir a la rondalla, donde me decían que los estudios eran lo primero. Entonces conocí al profesor de guitarra Manuel Paz, que dirigía la orquesta, y me ofreció entrar en ella. Debía ser el año 1994.

Allí pasé horas tocando con algunos chavales de mi edad y otros mayores que yo, y la verdad que empecé a recuperar el entusiasmo por la música. Me sirvió de refugio para olvidar las cosas malas que a veces pasan en la vida, y también comprendí el valor de tocar en grupo, aunque musicalmente ya tenía bastantes horas de vuelo gracias a la rondalla.

En 1994 hice la prueba de acceso al Grado Medio, y afronté los 6 años de ciclo con ganas, y tocando muchísimo. Llegué a ser el principal de mi cuerda, y empezaron a prodigarse los conciertos y los viajes con la orquesta, siempre de mano de Manuel Paz. También empecé a participar en otros grupos y grabaciones con profesores como Ton Prendes, del que guardo muy buenos recuerdos hasta que dejó de dar clases en el centro. En aquel tiempo ya no tenía tiempo para ir a ensayar con la rondalla, y recuerdo que la directiva me reclamó la mandolina que usaba. Entonces Ton hizo una colecta entre los profesores del conservatorio y me compraron una nueva, para que no dejara de tocar. También gracias a Ton Prendes grabé en un proyecto llamado Xaranzaina, donde conocí a músicos como Pedro Bastarrica o Gabino Antuña, a gente asturianista como Pablo Manzano, Nacho y Esther Fonseca, y toqué por primera vez en el teatro Campoamor de Oviedo.

Aquello fue el comienzo de unos años maravillosos de conocer sitios y gente nueva. De poner los cimientos a una carrera musical que comenzaba, y de darme a conocer en el ambiente musical que me rodeaba. Era 1995.

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