Sin Pablo Ardisana

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Se fue y nos dejó. Así sin más. Y nada volverá a ser igual, porque ahora nos enfrentamos a un vacío inmensamente frío y superficial. Fue más que un maestro, más que un escritor, un poeta o un erudito. Él fue mucho más que todo eso. No hay palabras suficientes para describir la tristeza que supone su pérdida.

Pablo Ardisana (Hontoria, 1940 – 2017) era capaz de mover emociones y sentimientos solamente con su palabra. Era una persona tan especial que, mostrándote su aprecio, ya no podías menos que sentirte pequeño y desbordado, pero también feliz y con esperanzas por esta desgraciada tierra nuestra que tanto amó. Culto pero nada presuntuoso, poca gente entendió tan bien como él la naturaleza humana y los invisibles hilos que mueven el teatro de marionetas en el que la vida se convierte.

Formaba parte de mi círculo personal más valiososo y fue una auténtica referencia intelectual. Era para mí una especie de Nabokov asturiano. La belleza de Asturias le suscitaba piedad, porque sabía que moría sin remedio. Siempre decía “robáronmi el paraísu”. Su poesía estaba tan bien construída, que siempre nos dejaba un pequeño rayo de luz que iluminase dulcemente la esperanza de un mundo mejor. Y su ironía nunca terminaba, ni en las breves charlas telefónicas ni en aquellas largas sobremesas en su casa mariniega, la misma casa donde canté todo lo que quiso (sobre todo “La incla interior”, que lo conmovía hasta el tuétano), y la misma casa donde me permitió hacer su letra canción:

Gaita (Pablo Ardisana)

Para la llingua asturiana, él fue el poeta del amor. Para mí, una referencia familiar y espiritual: “Hectorín, tú lleva siempre la tierra en el corazón y la música en el alma. Y ven a Juntoria a veme cada pocu”.

Gracias por darnos tanto, Pablo. Y gracias por estos versos tuyos, inéditos, que siempre nos acompañarán y que ahora comparto porque mientras tus palabras sigan vivas, nosotros nunca te olvidaremos, amigo. Descansa en paz y espéranos, porque te seguiremos necesitando.

Cabralieguina (Pablo Ardisana)

1 Comment

  1. Maria Josefa Fernández Cañedo

    Hermoso, triste pero extrañamente reconfortante. Debía ser una magnífica persona y lamento no haberle conocido. Pero queda su obra y los poetas son inmortales no?

© 2020 Héctor Braga

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